Este curioso molinillo de aspas blancas y negras, encerrado en un globo de vidrio, gira a gran velocidad en cuanto le da la luz… y sin embargo no tiene ningún motor. Se llama radiómetro de Crookes, por el físico británico William Crookes, que lo construyó en 1873.

Cómo está hecho
Dentro de un globo de vidrio en el que se ha hecho un vacío parcial (no total) se coloca un pequeño molinete con varias aspas, cada una pintada de negro por un lado y de blanco (o plateado) por el otro. Al exponerlo a la luz, el molinete empieza a girar; en la oscuridad, se detiene.
Un caso famoso de “casi todo el mundo se equivoca”
Durante mucho tiempo, incluso el propio Crookes pensó que el giro se debía a la presión de la luz: el negro absorbe más luz que el blanco (que la refleja), y se pensaba que esa diferencia de fuerza recibida hacía girar el molinete, con el lado negro “empujado” hacia atrás.
Sin embargo, hoy sabemos que esa explicación es incorrecta: la presión que ejerce la luz es demasiado débil para explicar la velocidad de giro observada, y además, si fuera así, el radiómetro giraría en sentido contrario al que realmente gira. La explicación real tiene que ver con el poco aire que queda dentro del globo (el vacío no es perfecto): el lado negro de cada aspa se calienta más que el blanco al absorber más luz, y las moléculas de aire que rebotan contra el lado negro, más caliente, salen despedidas con algo más de fuerza que las que rebotan en el lado blanco, más frío. Ese pequeño desequilibrio es lo que realmente hace girar el molinete.
Es un buen ejemplo de cómo, a veces, la explicación que “parece obvia” a simple vista no es la correcta, y hace falta investigar con más detalle para entender lo que ocurre en realidad.