Una cadena de montaje es un sistema de producción industrial capaz de fabricar muchas copias idénticas de un mismo objeto, a partir de piezas intercambiables entre sí.

El origen: piezas intercambiables
A principios del siglo XIX, el inglés Joseph Whitworth ideó un sistema muy exacto para medir las dimensiones de cualquier pieza, lo que hizo posible construir máquinas capaces de fabricar elementos idénticos entre sí. Fue la base de toda la producción industrial en serie posterior. En la década de 1850, el estadounidense Samuel Colt aplicó este sistema a la fabricación de sus revólveres, dejando atrás la producción artesanal, en la que un mismo operario construía y ajustaba a mano todas las piezas de cada arma.
De la fábrica de Olds a la línea móvil de Ford
En el cambio de siglo, Ransom E. Olds creó lo que se considera la primera cadena de montaje: los coches se construían a partir de piezas ya estandarizadas, fabricadas en otra fábrica. Aun así, cada operario tenía que montar él solo todas las piezas del coche, lo que le obligaba a desplazarse continuamente por el taller para ir a buscar cada elemento, con la consiguiente pérdida de tiempo.
La solución definitiva llegó en 1913, cuando Henry Ford puso en marcha en su fábrica de Highland Park la línea de montaje móvil: el vehículo, en construcción, iba pasando de un puesto de trabajo a otro, y cada operario se especializaba en añadir siempre la misma pieza. Así se ahorraba muchísimo tiempo, hasta el punto de llegar a fabricar un coche completo en poco más de 90 minutos, un hito histórico para la época.
Una revolución para toda la industria
La reducción de costes que trajo el montaje en serie permitió bajar los precios de forma notable y dio comienzo a la producción masiva de todo tipo de bienes manufacturados, mucho más allá de la industria del automóvil.