Después que rompiste, ingrata de Lope de Vega

«—Después que rompiste, ingrata, de amor el estrecho nudo, pruebo a sujetar el cuello y no consiente otro yugo.

Gocé libertad tres años, si aquel es libre y seguro que de llorar tus mudanzas no tiene su rostro enjuto.

Pensaba que era en amarte cuando menos sin segundo pero ya me dice el tiempo que han sido primeros muchos.

Y que acuden a tu casa más galanes al descuido que caben ríos ni arroyos en el reino de Neptuno.

Y para más afrentarme, porque me escarnezca el vulgo, has dado en hacerme esclavo con los hierros a tu gusto.

De agravio y desdenes tales sólo a mi firmeza culpo, que no acierta a ser mudable cursando tanto en tu estudio.

Mas ay, que es venir a menos aunque pueda hacer un hurto más famoso que el de Elena negarte mi alma tributo;

y así le cuento a Cupido la vez que a su templo acudo más quejas que en el Senado el villano del Danubio.

Todos los amantes oye, para mí está sordo y mudo; no sé si el traidor procura lo que yo también procuro;

que según es tu belleza aunque tenga de Dios humos, no deja de ser quien es en ser de tus siervos uno;

y si va a decir verdades, aunque de falsa te acuso, a manos de tu ira muera si fuere de otra y no tuyo—».

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